Bebidas isotónicas para el deporte: un dilema aún por aclarar

La publicidad hace estragos en nuestros cerebros. Incluso cuando sabemos que no deberíamos fiarnos absolutamente de nada que salga por la televisión, resulta complicado librarse de las imágenes asociativas. Por ejemplo: Coca-Cola y felicidad. Todos los anuncios de Coca-Cola están centrados en la imagen de la felicidad y el buen rollo, hasta han montado una especie de instituto al respecto.

Telepizza y el “ding dong” de la puerta. La elegancia de Ferrero Rocher. ¿Hotel? TRI-VA-GO. Etc.

 

¡Qué saludable es beberse un Gatorade tras el ejercicio! ¿O no?

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Algo parecido ocurre con las bebidas isotónicas, que asociamos inmediatamente al deporte. Hemos visto mil spots de gente corriendo por un parque o por la playa, sudando y recuperando un segundo las fuerzas con un gran trago de Isostar, o de Gatorade. El ciclista. El del gimnasio. El que vuelve a correr, esta vez por la montaña. El que escala. Hemos llegado a asociar cualquier forma de deporte con la ingesta de estas bebidas.

 

Sin embargo, un estudio del British Medical Journal que se presentó poco antes de los Juegos Olímpicos (y que no tuve la repercusión mediática que quizá debiera) ha puesto en duda, en muy seria duda, la fiabilidad de estas bebidas “para deportistas”, entre otros productos del sector.

En el estudio se mencionan varias marcas bien conocidas en España, como son Gatorade (de la compañía PepsiCo) o Powerade (de la compañía Coca-Cola). Y lo que viene a decir es que los estudios científicos en los que se basan todas las afirmaciones sobre las virtudes de estas bebidas, brillan por su ausencia. O son totalmente irrelevantes.

 

Niveles de deporte, corrupción y sentido común

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Algunas compañías, directamente no enviaron los informes que los autores del estudio les solicitaron. Otras enviaron muchos, pero de fiabilidad escasa. La mayor parte de estos informes ni siquiera estaba hecho por laboratorios independientes. En otras ocasiones, los resultados se habían alcanzado tras probarlos en apenas una decena de consumidores.

 

Aquí hay una serie de problemas, al menos según este informe.

Por un lado, la corrupción más que clara en este sector, como en casi todos actualmente. O al menos todos los que mueven millones. Algunas revistas y publicaciones, como el Journal of Sports Sciences, tienen en su consejo editorial a profesionales pagados por las grandes compañías. Otras publicaciones, como Medicine and Science in Sports and Exercise, están directamente financiadas por estas marcas. No hace falta ser un genio para ver la cantidad de apaños que puede hacer esta interdependencia.

 

Por otro lado, no significa que estas bebidas sean “malas”. Lo que sí es cierto es que pueden ser bebidas adecuadas (en parte) para deportistas con un alto ritmo de ejercicio, pero no para un chaval o alguien que va al gimnasio un par de veces por semana (por su alto contenido en azúcar).

 

La verdad es que es un problema la indefensión que sufrimos los consumidores, porque muchas veces no tenemos forma de contrastar la información. Tampoco parece que los organismos oficiales de la Unión Europea sean totalmente “trigo limpio”. Sin embargo, está en nuestras manos ser sensatos, ser cautos y tratar de informarnos sobre todo cuanto consumimos lo mejor posible. O como mínimo, no tragarnos cada bocado que nos sirvan por televisión.

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